miércoles, 29 de junio de 2016

El emblema del saludo

Según los etólogos, el saludo del ser humano cumple una función similar a la que cumple el saludo en simios como el chimpancé: como ceremonia de apaciguamiento, para comunicar que no existe desafío o intención de ataque.


Curiosamente muchos simios llevan a cabo pautas de saludo similares a las humanas. Los chimpancés suelen abrazarse, besarse, hacerse reverencias, estrecharse las manos y palmearse la espalda.


De las muchas formas posibles de llevar a cabo un saludo, vamos a centrarnos en el “apretón de manos”, por haberse convertido en un emblema en muchos países, como señal social de cortesía para saludar, presentarnos o despedirnos de otras personas. Se trata de una costumbre arraigada en muchas sociedades, pero no es universal.


El saludo con las manos es una antigua  costumbre que se remonta a la época griega y romana. En la antigüedad se empleaba el gesto de coger por el antebrazo para verificar que no existían armas escondidas. En Grecia y Roma se cogían de los antebrazos también para darle solemnidad a una promesa o para sellar una palabra de honor como señal de diálogo y desarme.


Durante de la revolución industrial el apretón de manos se comenzó a utilizar para sellar acuerdos y concluir tratos.



Hoy en día, a través de un simple saludo entre dos personas podemos inferir información relevante respecto al estatus, las actitudes, el estado de ánimo, el nivel de cercanía y el tipo de relación existente entre quienes lo realizan.

Como se cito en el libro sobre la comunicación en el aula (Petisco, 2014)

Si interpretamos el apretón de manos como un signo de confianza y bienvenida está claro que corresponde al anfitrión iniciar el mismo. Respecto a la actitud que deberíamos transmitir, siempre debería de ser la de cordialidad, intentando que la otra persona se sienta cómoda. Por ello, la palma de la mano no debería de ir ni hacia arriba (sumisión) ni hacia abajo (dominio), sino en un posición vertical (actitud de igualdad y colaboración). Respecto al grado de presión a ejercer debe ser medio (normalmente los saludos tipo quebrantahuesos o muy lánguidos no resultan agradables). Si somos los que recibimos el saludo deberíamos igualar nuestra presión a la presión recibida. La duración aproximada, excepto en saludos con conocidos, debe rondar del orden de los cuatro o cinco segundos; los saludos excesivamente cortos (de alrededor de dos segundos) o prolongados (de unos nueve segundos) tampoco resultan muy bien valorados.
Tampoco resultan agradables los saludos con la mano muy húmeda, o muy flácida, o cuando las manos no llegan a acoplarse hasta contactar las membranas que unen los dedos pulgar e índice.
Por último, si tratamos de transmitir confianza, es fundamental que miremos a los ojos de la persona que recibe el saludo. Los apretones de manos donde quien lo lleva a cabo retira la mirada, o lo realiza mientras mira para otro lado, no dan la sensación de mostrar interés alguno por conocer a esa persona o por llegar a algún grado de compromiso con el encuentro”.

Os dejo con el siguiente vídeo que he editado sobre las claves del apretón de manos:

Referencias:

-Mínguez Vela, A. (1999). La otra comunicación: Comunicación no verbal. Madrid: ESIC.

-Pease, A., & Pease, B. (2006). El lenguaje del cuerpo. Cómo interpretar a los demás a través de sus gestos. Barcelona: Amat, S.L.

-Petisco, J. M. (2014). La comunicación en el aula. Cuando la postura y el gesto toman la palabra. Madrid: Dykinson.