lunes, 19 de marzo de 2018

La madre y la presunta asesina de Gabriel: Expresiones distintas para finalidades idénticas.


El caso del pequeño Gabriel Cruz ha conmocionado al país entero. Es la peor pesadilla que puede vivir un padre o una madre que profese amor hacia un hijo. Todas las personas de bien nos emocionamos al referirnos al trágico suceso. Lo hicieron los propios agentes de la Guardia Civil cuando dieron con el cadáver, también en la rueda de prensa consiguiente. Lo hicieron la vicepresidenta del Gobierno y el propio ministro del interior durante el funeral del pasado martes. Los homenajes y momentos de recuerdo se han extendido por toda España y son muchas las competiciones deportivas y conciertos musicales que han hecho alguna alusión al pequeño Gabriel. Y es que, cuando muere alguien tan vulnerable como un niño de 8 años, y de esa manera, la conmoción inunda a todas las clases sociales, ideas o profesiones.
 
El cuerpo sin vida de Gabriel fue encontrado por la Guardia Civil el pasado domingo 11 de marzo, doce días después de su desaparición en la localidad almeriense de Las Hortichuelas, en Nijar (Almería). La autopsia ha determinado que Gabriel murió estrangulado el mismo día de su desaparición. La principal sospechosa, Ana Julia Quezada, pareja del padre del menor, fue detenida cuando trasladaba el cadáver del pequeño en el maletero de su coche.

La madre, Patricia Ramírez y la novia del padre, Ana Julia Quezada, han sido motivo de análisis por sus comportamientos y expresiones faciales tan distintas. En algunos medios se habla de dos expresiones de tristeza muy diferentes: una genuina, la de la madre y otra simulada, la de Ana Julia.


Pero, los analistas de comportamiento no verbal siempre deberíamos disponer de toda la información necesaria antes de efectuar cualquier tipo de análisis y ello no siempre es posible. ¿Cómo se comportan habitualmente los sujetos a analizar?, ¿qué gestos llevan a cabo habitualmente?, ¿qué cambios se producen ante determinadas preguntas?, ¿en qué contexto y en qué momento están tomadas las imágenes?, ¿que están escuchando?, ¿qué están diciendo?, ¿son imágenes fijas (instantáneas) o tomadas de vídeos? Para estas y para otras preguntas no siempre conocemos la respuesta y sin embargo nos lanzamos a efectuar análisis de todo tipo.

Como no siempre es posible disponer de toda la información necesaria para hacer un buen análisis, creo que, en esas ocasiones, lo mejor que podemos hacer es callarnos y dejar que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hagan su trabajo. Ellos sí tienen la posibilidad de acumular todo tipo de información, de analizarla, de detectar indicios, de tomar declaraciones y de llevar a cabo un interrogatorio. Además, en concreto la Guardia Civil, cuenta con el apoyo de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Unidad Técnica de Policía Judicial. Nosotros, los analistas del comportamiento no verbal, debemos limitarnos a hechos pasados y a tratar de llevar al terreno de lo científico cualquier tipo de análisis que realicemos.

Porque el terreno de lo no verbal se presta a falsas creencias, a errores y a plantear como científico algo que realmente no acaba de serlo. Si yo afirmara que las expresiones faciales no “expresan” emociones, sino que más bien atribuimos una emoción a una expresión mostrada, seguramente dicha afirmación resultaría muy radical e impopular y chocaría de lleno con muchos de los analistas en comunicación no verbal y con la “sabiduría popular” de la mayoría de los ciudadanos. No obstante, de hacerlo, con ello no estaría afirmando que la expresión facial no esté vinculada a las emociones, sino que la naturaleza de esa relación debería ser examinada y explicada en detalle. Además, ocurre que lo que comúnmente identificamos en un rostro como tristeza (una de las denominadas “emociones básicas o primarias”) es una de las emociones que presentan mayor variabilidad en su expresión facial y cuyo reconocimiento suele ser más impreciso.

Si acudimos al Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS) de Ekman y Friesen (1978) y a su versión referida a las denominadas "emociones básicas" (EMFACS), la expresión prototípica de tristeza conlleva una serie de acciones musculares visiblemente diferentes (Unidades de Acción –AU- observables): la elevación de la parte interior de las cejas (AU1), el descenso de las cejas formando un triángulo (AU4) y el descenso de la comisura de los labios (AU15). La musculatura del rostro implicada sería, principalmente, el frontal, superciliar, piramidal, depresor superciliar y triangular de los labios. Pero entre las expresiones a las que les atribuiríamos la emoción de tristeza también podrían estar implicados otros movimientos faciales y seguiríamos hablando de tristeza; como la elevación de las mejillas (AU6), el remarque del pliegue nasolabial (AU11), la inclinación de cabeza (AU54) o la mirada hacia abajo (AU64), por poner algunos ejemplos.

Si analizamos la fotografía de la derecha, en ella vemos a la madre de Gabriel durante un acto para tratar de buscar a su hijo, antes de conocer el fatal desenlace. En esa imagen, como muchos analistas han detectado, la madre del niño muestra claramente esa elevación de la parte interior y descenso de sus cejas (AU1+4). Pero dichos movimientos también son característicos en las expresiones a las que le atribuye una emoción de miedo y también ocurre que en dicha instantánea no aparece descenso alguno de la comisura de sus labios y sí cierto alargamiento. Pero el descenso de su mirada (AU64) es otro indicador de tristeza y la zona de la boca nos indica que su expresión se acerca más al llanto, con esa separación de labios (AU25) y elevación de barbilla (AU17). Su expresión va más allá de la tristeza, su rostro transmite un dolor intenso, el sufrimiento de una madre cuyo hijo ha desaparecido y cuya vida corre peligro. Su expresión es una señal de socorro, de petición de ayuda desesperada. La posibilidad de perder a un hijo es causa suficiente para generar el dolor y angustia que muestra en su rostro. Son muchos los adjetivos que podrían describir cómo se puede sentir esa madre: afligida, abatida, deprimida, desesperada, impotente, desconsolada, compungida y un largo etcétera. Sin embargo, ninguno de ellos parecería suficiente  para reflejar lo que expresa el rostro de la madre de Gabriel.

Si analizamos la fotografía de la izquierda, en la que aparece Ana Julia, en primer lugar deberíamos hacer mención a la situación en la que fue tomada dicha instantánea. Pero los medios no lo detallan. Sin embargo, en ella vemos a Ana Julia vistiendo una camiseta con la imagen del menor, por lo que podríamos pensar que fue tomada el día en que participó en la concentración de apoyo a los familiares de Gabriel, el pasado 9 de marzo (dos días antes de su detención y de lo que se hicieron eco los medios). Tampoco sabemos qué estaba diciendo o escuchando cuando llevó a cabo ese gesto, con quienes se encontraba y un largo etcétera. Sin embargo, sí sabemos que la emoción atribuida a una expresión depende del contexto en el que ocurre (Carroll y Russell, 1996) y para este caso desconocemos el contexto. Así por ejemplo, está comprobado que en momentos de felicidad también se puede producir llanto y no tener en cuenta el contexto en el que se produce dicha señal, nos podría llevar desafortunado al error de inferir una emoción de angustia o infelicidad, en lugar de felicidad. En el caso que nos ocupa, está claro que su expresión no muestra el dolor y la angustia que muestra la madre, pero, al fin y al cabo, dicha expresión podría estar dentro de la norma: ella no es la madre de Gabriel. Ahora es cuando sabemos que sus sentimientos hacia el niño debían de ser inexistentes, o, mejor dicho, negativos. Su expresión facial no viene acompañada por la acción de la porción medial del músculo frontal, provocando esa elevación de la parte interior de las cejas (AU1). Sus cejas solo descienden y se juntan (AU4), pero ¿ello es indicativo de algo?, ¿por qué el dolor de una “allegada” ha de ser tan intenso o equivalente al de una madre?

Creo que es evidente que, a priori,  en la mayoría de los casos esa diferencia de expresión podría resultar normal. No obstante, Ana Julia lleva a cabo un gesto que hoy interpretamos como intencionado: taparse la boca. ¿Emplea ese gesto para mostrarse condolida?

Dicho gesto suele aparecer cuando presenciamos imágenes impactantes o trágicas. Por ejemplo, cuando un torero sufre una cogida por un toro, o ante imágenes de una barbarie, como un atentado terrorista. También en un momento de preocupación intensa, o cuando tratamos de reprimir una señal emocional, o tras ser conocedores de una noticia dolorosa. Y vuelvo a preguntar ¿en qué momento está tomada esa instantánea?, ¿son comparables ambas situaciones y ambos vínculos afectivos con el niño, para poder sacar conclusiones sobre la falsedad o veracidad de dicha expresión?

Yo solo me atrevería a afirmar que su expresión, al estar presentes distintos medios de comunicación, probablemente trate de producir efectos en el receptor con beneficios para ella: el hacer creíble su inocencia en un momento en el que probablemente ya intuía o sabía que las sospechas recaían sobre ella. Pero si analizamos ambas imágenes bajo el prisma de la ecología de la conducta, la expresión de dolor de la madre también compartiría la misma finalidad: producir efectos en el receptor (la persona que tiene a su hijo) con beneficios para ella (atraer la atención de quien tiene a su hijo, conmoverlo y que lo libere cuanto antes). En ambos casos se trata de intenciones sociales, pero no me refiero a “intencional” como un estado consciente, sino simplemente como una disposición conductual dirigida a la persona que supuestamente tenía secuestrado a su hijo.

Los padres del niño sabían desde el principio que la persona implicada en su desaparición probablemente se encontraba en el entorno familiar o en el grupo de amigos. La madre era consciente de ello y cada intervención pública que hacía –a veces con Ana Julia a su lado- iba en ese sentido: como reclamo de compasión hacia ella, una madre hundida por el dolor. De hecho, la madre llegó a afirmar a la Cope, después de que apareciese el niño, que una vez volcadas las sospechas sobre Ana Julia, “tenía la esperanza de ablandarla”. Y es que, en definitiva, la expresión facial es una herramienta de comportamiento que empleamos para tratar de lograr ciertos objetivos. Y más que expresar emociones, es una estrategia de comportamiento impulsada por los motivos o necesidades del remitente (Fernández-Dols, 2013).

Tras este trágico suceso hay algo que también me atrevería a afirmar con rotundidad: la enorme frialdad y crueldad de Ana Julia Quezada sabedora del sufrimiento que estaba ocasionando a toda la familia del pequeño, pero muy especialmente a la madre y a su propia pareja. Los motivos por los que esta mujer llegó a cometer un acto tan miserable no los conocemos. Si descartamos un móvil económico, probablemente estén relacionados con celos o con un deseo de “posesión” hacia su pareja y a considerar al pequeño Gabriel un obstáculo para sus planes de futuro, o para conseguir plenamente esa “posesión”.

Ahora, con el fatal desenlace, el sentimiento de tristeza de sus padres perdurará y se transformará en angustia. Tristeza y angustia se sucederán y manifestarán en oleadas, en un intento por recuperar la pérdida. Pero también habrá momentos de rabia. Rabia contra la vida, contra Ana Julia, quizás contra Dios, contra ellos mismos por no haber expresado sus sospechas, de uno contra el otro por no haber impedido su muerte… aunque racionalmente no se haya podido hacer nada por impedir el fatal desenlace. Ese estado disfórico se prolongará hasta que con el paso del tiempo empiecen a desvanecerse poco a poco esos sentimientos, pero el recuerdo del pequeño Gabriel les acompañará para el resto de sus vidas. Ojalá que todo el apoyo social recibido al menos les sirva para que, en ese recuerdo, también haya instantes agradables. 


Referencias

Carroll, J. M., & Russell, J. A. (1996). Do facial expressions signal specific emotions? Judging the face in context. Journal of Personality and Social Psychology, 70, 205-218.

Ekman, P. (2003). Emotions revealed: Recognizing faces and feelings to improve communication and amotional life. New York: Times Books.

Ekman, P., & Friesen, W. (1978). Facial Action Coding System: A Technique for the Measurement of Facial Movement. Palo Alto: Consulting Psychologists Press.

Fernández-Abascal, E. G., & Chóliz Montañés, M. (2001). Expresión facial de la emoción. Madrid: UNED.

Fernández-Dols, J. M. (2013). Nonverbal communication: origins, adaptation and functionality. In J. A. Hall, & M. L. Knapp (Eds.), Nonverbal communication (pp. 69-92). Berlín: De Gruyter Mouton.


miércoles, 28 de febrero de 2018

Aland Fridlund y la expresión facial humana


Alan J. Fridlund, es un psicólogo social y clínico interesado en la etología humana (especialmente en lo concerniente a comunicación no verbal), la neuroética, la psicopatología y la sexología. Ganó el Premio Distinguished Early Career Contribution de la Society for Psychophysiological Research y fue miembro de la Facultad de Psicopatología Experimental de la Universidad de Pensilvania. Es autor de Human Facial Expression: An Evolutionary View (Academic Press, 1994).


Para Fridlund existen dos perspectivas diferentes sobre la vinculación del rostro humano y la emoción: una que denomina "clásica" y otra "ecológico- conductual". Según la perspectiva clásica, las expresiones faciales tienen una base innata, son fijas y establecen una relación necesaria y suficiente con las emociones. Sin embargo, la perspectiva ecológico-conductual mantiene que las expresiones son pautas fijas de acción que no denotan emociones, sino que sirven para establecer comunicación e interacción social.

Fridlund asume que existe cierta asociación entre rostro y emoción, pero plantea el interrogante de cuál es la naturaleza de esa asociación y qué papel representa la cultura en dicha asociación. Para él las conductas faciales de exhibición pueden ser entendidas sin recurrir a la emoción y los rostros pueden expresar motivos y contextos en lugar de emociones. En definitiva plantea que “las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social” (Fridlund, 1994, pág. 212). Para la Ecología de la conducta, los rostros exhiban motivaciones sociales, que únicamente son comprensibles para el contexto en el que surge la motivación (pág. 314).


La teoría de la universalidad de las emociones primarias se ha mantenido como cierta durante muchos años, pero la obra de Fridlund (1994), así como diversos estudios, como los realizados por Russell o por Crivelli y Fernández-Dols, han mostrado que esto no es así. En concreto, en el estudio realizado en 2011 por Carlos Crivelli  y José-Miguel Fernández-Dols, con personas de las Islas Trobiand (Papúa Guinea), concluyeron que solo en el caso de la felicidad (sonrisa) había universalidad, pero en el resto de emociones hubo un cruce entre el gesto y la emoción. Para dichos autores las emociones no provocan reacciones fisiológicas naturales, sino que las interpretaciones pueden variar de una cultura a otra.

Línea de investigación actual
Sus intereses de investigación actualmente se centran en cómo las expresiones faciales afectan la interacción social, incluida la interacción con otras personas implícitas (inanimadas y / o no humanas) y otras imaginarias.

Sus publicaciones más relevantes

ü  Gleitman, H., Fridlund, AJ, y Reisberg, D. (2003). Psicología (6ª Ed.). Nueva York: Norton.
ü  Fridlund, AJ (1994). La expresión facial humana: una visión evolutiva. San Diego, CA: Prensa académica.
ü  Fridlund, AJ (2002). La vista de ecología del comportamiento de la sonrisa y otras expresiones faciales. En M. Abel (Ed.), Una reflexión empírica sobre la sonrisa . Nueva York: Edwin Mellen Press.
ü  Fridlund, AJ, y MacDonald, M. (1998). Enfoques de Goldie: un estudio de campo de la respuesta humana a la adolescencia canina. Anthrozoös , 11 , 95-100.
ü  Fridlund, AJ (1997). La nueva etología de las expresiones faciales humanas. En JA Russell y J. Fernandez-Dols (Eds.), La psicología de la expresión facial(pp. 103-129). Cambridge: Cambridge University Press.
ü  Fridlund, AJ, y Duchaine, B. (1996). "Expresiones faciales de la emoción" y el delirio del yo hermético. En R. Harré y WG Parrott, The emotions (pp. 259-284). Cambridge: Cambridge University Press.
ü  Fridlund, AJ (1992). El antidarwinismo de Darwin y la expresión de las emociones en el hombre y los animales. En KT Strongman (Ed.), Revisión Internacional de la Emoción (Vol. 2) (Pp. 117-137). Nueva York: Wiley.
ü  Fridlund, AJ (1991). La sociabilidad de las sonrisas solitarias: efectos de una audiencia implícita. Revista de Personalidad y Psicología Social , 60 , 229-240.
ü  Fridlund, AJ, y Loftis, JM (1990). Relaciones entre las cosquillas y la risa humorística: apoyo preliminar a la hipótesis de Darwin-Hecker. Biological Psychology30 , 141-150.






viernes, 23 de febrero de 2018

Anna Gabriel: señales de sumisión y ausencia de amenazas hacia las autoridades suizas


Está claro que Anna Gabriel es una mujer inteligente y sabe adoptar la apariencia que considera más adecuada para tratar de alcanzar sus objetivos. La conducta adaptativa es un concepto vinculado en origen a la Biología. Darwin (1859) resaltó la capacidad del organismo para ajustarse a su entorno como mecanismo clave del proceso evolutivo. En Antropología existen diversas corrientes que plantean que en las culturas de las sociedades humanas las conductas adaptativas son la vía que éstas emplean para superar exitosamente las limitaciones que impone el hábitat. Para la Sociología, en el proceso de socialización la conducta adaptativa nos llevaría a adoptar las conductas y valores propios de una sociedad determinada. Y es que para la Sociología los agentes de socialización (como el grupo de pertenencia, o la familia) conducen a la adaptación del individuo a su entorno social y a diferentes grados de conformidad o uniformidad en conductas, pensamientos y aceptación de determinadas normas (Montero, 2005)..


En ese sentido, el cambio repentino en apariencia y conducta de Anna Gabriel, podría responder a ese intento de adaptación a su nuevo entorno social, lejos de su grupo de pertenencia. La apariencia es un canal de información no verbal muy potente que permite identificar y “etiquetar” a las personas. Hasta ahora, a la exdiputada le ha interesado identificarse con determinada corriente política y social. Su sello de identidad ha sido vestir con esas camisetas con mensajes antisistema y lucir esos peinados y cortes de pelo “rompedores”. Pero, parece ser que ha llegado el momento de hacer como el camaleón y transformar su apariencia, probablemente porque su estrategia actual es tratar de empatizar con los ciudadanos y con las autoridades suizas. Al fin y al cabo, su futuro penal y laboral depende de ello. Su imagen pública ya no es tan coherente con las ideas que defiende, pero una cosa son las ideas y otra muy diferente la “supervivencia”.


Todos sabemos que mostrar una amplia sonrisa genera una reacción positiva en los demás. La utilizamos en múltiples situaciones sociales con la intención de ser amistosos; en otros casos como señal de apaciguamiento (por ejemplo cuando llegamos tarde a una reunión). La expresión facial en situaciones de alta activación puede mostrar emociones, pero en la mayoría de los casos está vinculada a la comunicación de intenciones, a motivos sociales. Para la Ecología del comportamiento, las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social (Fridlund, 1994). Según afirman Fernández-Dols y Crivelli (2013), diversos estudios naturalistas de tradición etológica han demostrado que las sonrisas, en lugar de ser explicadas como señales de emoción con un significado fijo, son mejor explicadas como conductas que satisfacen diversas funciones adaptativas y que tienen un valor referencial flexible. Así, citan diversos trabajos que ponen de manifiesto múltiples funciones diferentes de la sonrisa: como una invitación sexual (Moore, 1985), en el marcado del estatus sociométrico (Cashdan, 1998), en bromas ambivalentes (Keltner, Young, Heerey, Oeming y Monach, 1998), como expresión de afecto y aceptación y -unida al “flash de cejas” (elevación rápida de cejas)- como invitación social (Eibl-Eibesfeldt, 1998), o como mensajes de predisposiciones cooperativas para compartir recursos materiales (Mehu, Grammer y Dunbar, 2007).

Siguiendo la línea marcada por la Ecología de la conducta, en el caso de la entrevista ofrecida por Anna Gabriel a la cadena suiza RTS, su sonrisa cumpliría una función de expresión de afecto y aceptación, transmitiendo su deseo de ser amistosa, su disposición y deseo de afiliarse; lo que correlacionaría con su intención de residir en Suiza y retomar su carrera como profesora universitaria (intenciones laborales y, si fuera necesario, de asilo político).


En dicha entrevista ha cambiado la expresión feroz a la que, en muchas ocasiones, nos tenía acostumbrados, por una expresión más dulce y amable, llegando a dar muestras de debilidad. Ladear la cabeza es una forma de decir que está cómoda, que se muestra cordial y receptiva. Pero también puede ser una señal de sumisión y ausencia de amenaza, porque al ladearla dejamos expuesta la garganta y hace que parezcamos más pequeños de tamaño y menos amenazadores. El propio Darwin indicó que cuando la gente se siente sumisa tiene tendencia a inclinar la cabeza, con lo cual consigue un aspecto más bajo y menos amenazador. 




La costumbre de bajar la cabeza como signo de sumisión es común a muchas culturas y se sigue llevando a cabo ante ciertas autoridades como reyes, emperadores y presidentes de gobierno (curiosamente en España el protocolo del saludo a nuestro monarca no exige la inclinación de cabeza como señal de respeto y sumisión). También en diversas situaciones hacemos uso de ese gesto a modo de disculpas, como pidiendo perdón por los inconvenientes que hemos podido ocasionar (por ejemplo al pasar entre de dos personas que están conversando). 

Muchos animales, como los perros y los lobos, ofrecen su cuello a otro animal más dominante de su misma especie en señal de sumisión; además encogen el cuerpo hasta quedar casi agazapados y simular así la altura de un cachorro (incluso suelen lamer el morro del dominante como haría un cachorro). Quizás por ello, para autores como Allan y Bárbara Pease (2006), la cabeza inclinada exhibe un cuello vulnerable y hace que la persona parezca más pequeña y más sumisa. 


Anna Gabriel utiliza los gestos de ladear la cabeza y asentir con ella porque sabe, o intuye, que de esta manera su interlocutor y, por extensión toda la audiencia que va a ver esa entrevista, empezarán a sentirse confiados con ella, ya que ofrece un aspecto no amenazador. A ello contribuye también su nueva apariencia, ahora más aniñada.

En definitiva, su cambio de apariencia, ahora más acorde a la mayoría de la población, y sus muestras de cordialidad y sumisión, no son más que exhibiciones para tratar que las autoridades y población suiza empaticen con su causa.


Trabajos citados


Darwin, C. (1859). El Origen de las Especies.

Fernández-Dols, J. M., & Crivelli, C. (2013). Emoction and Expression: Naturalistic Studies. Emotion Review, 5(1), 24-29.

Fridlund, A. J. (1994). Expresión facial humana. Una Visión Evolucionista. (J. Cerdas Ibañez, & I. Cardas Ibánez, Trads.) Bilbao: Desclée De Brouwer.

Moreno, D. (2005). La conducta adaptativa en el panorama científico y profesional actual. Intervención Psicosocial, 14(3), 277-293.

Pease, A., & Pease, B. (2006). El lenguaje del cuerpo. Cómo interpretar a los demás a través de sus gestos. Barcelona: Amat, S.L.
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viernes, 24 de noviembre de 2017

Manifestaciones de la personalidad de Donald Trump a través del saludo

Hoy sabemos que la personalidad y estética de un candidato político tienen una enorme influencia en el apoyo de sus electores, hasta el punto de llegar a tener mayor peso que sus programas políticos.

Parece indiscutible que Donald Trump posee una personalidad muy marcada que despierta pasiones a favor y en contra de su persona y son muchos los europeos que siguen sorprendidos por el hecho de que un líder tan excéntrico como Trump haya podido llegar a la presidencia de los Estados Unidos.


Pero, ¿cuáles son esas características de personalidad que le han catapultado a esa presidencia? 

Haciendo un breve análisis podríamos decir que entre esas características de personalidad están el ser un gran manipulador, con un discurso populista que apela a grandes pasiones y a ideas cada vez más difundidas entre la población americana (necesidad de unión y defensa contra la invasión de otras culturas y poblaciones, rechazo al feminismo más radical, etc.). También parece presentar algunos rasgos narcisistas, dando continuas muestras de ostentación de riqueza y de una necesidad imperiosa de ser admirado y de mostrar poder. No entraré en si es o no racista y misógino, pero alguno de sus discursos así lo ha dejado entrever. También parece dar muestras de despreciar a los que considera inferiores, sintiéndose poderoso y mejor que los demás. La extraversión es otra característica de su personalidad: le gusta estar rodeado de gente y expresarse públicamente. Pero a la vez es grosero, arrogante y carente de empatía. También da muestras en público de ser una persona autoritaria, intolerante (pensemos en sus ideas sobre los inmigrantes) y agresiva (sobre todo ante la crítica) y no es extraño que de todo ello de muestras a través de su comportamiento no verbal. En este sentido, analizaré algunas imágenes que han aparecido en distintos medios, donde a través de un gesto tan “simple” y universal como es el saludo (materializado en el típico apretón de manos), se deja entrever esa necesidad de imponerse a los demás, de mostrar poder, de ser el centro de atención, de su arrogancia, de su irrespetuosidad, etc. 

VIDEO 1- Apretones impositivos
En este vídeo se detallan algunos de los típicos apretones de manos de Donald Trump. Es característico en él realizar un tirón de brazo hacia él de manera brusca. Una explicación a estas “sacudidas” sería su deseo de imponerse a los demás en esas situaciones, llevando a cabo algo inesperado. El “tirón” de Trump supone una salida de la norma y de las expectativas del otro. Este saludo le permite tomar el control para imponerse a la persona de enfrente, pero da muestras también de su desprecio y ruptura con el protocolo habitual entre dos personas que deberían considerarse y tratarse como iguales.



VÍDEO 2. Donald Trump y Shinzo Abe: un incómodo y prolongado apretón de manos
En estas imágenes, tomadas de la reunión bilateral mantenida en la Casa Blanca, en febrero de 2017, entre Donald Trump y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, el presidente americano permanece durante 17 segundo "tomando la mano" del primer ministro japonés. Una imagen que podría recordar a los típicos besamanos que llevaría a cabo un caballero ante una venerable dama y que, unido a la postura forzada que le provoca (codo elevado, muñeca flexionada y tirando de su brazo), seguramente generó incomodidad al primer ministro.

La duración de un saludo, cuando es espontáneo y no intencionado, puede estar vinculada al grado de emotividad que transmite una persona a otra y, tanto los saludos excesivamente cortos (de unos 2 segundos), como prolongados (de unos 9 segundos), no resultan muy bien valorados por la mayoría de los sujetos (Petisco, 2014, pág. 90).



En el caso que nos ocupa, Trump ofrece su mano con la palma hacia arriba, pero no adoptando una actitud sumisa, sino dominante. Su ofrecimiento parece comunicar, más bien, "te concedo el poder", "tengo el poder de otorgarte el poder por un momento", para al final -tras hacer unas caricias en las manos del primer ministro-  dar unas "palmaditas" sobre ese apretón de manos. Acariciar la mano de alguien de esa manera, podría ser interpretado como un cariñoso gesto de aprobación, pero, en el caso de Trump, se añaden las típicas palmadas para transmitir dominio, por lo que dicho gesto iría encaminado a recordar al ministro japonés quién está al mando (como clara manifestación de dominio).

Por último, cuando el primer ministro logra zafarse de Trump, muestra un significativo gesto de asombro en su rostro; expresión que podría estar vinculada al alivio que le produce haber finalizado con esa situación tan incómoda.


VIDEO 3- El juego de poder entre Trump y Putin
Analicemos brevemente el apretón de manos llevado a cabo entre Donald Trump y Vladimir Putin durante la Cumbre del G 20, celebrada los días 7 y 8 de julio de 2017 en la ciudad de Hamburgo (Alemania).

Los animales, en situaciones de peleas (o en rituales de cortejo) utilizan distintos recursos para parecer más grandes, pero el hombre no puede hinchar sus plumas, como hacen las aves, o erizar su pelo, como hacen los gatos, para parecer más imponente. Por ello, el ser humano cuando se siente amenazado  puede llevar a cabo gestos y posturas para tratar de conseguir una presencia física de mayor tamaño (como llevarse las manos a las caderas, o apoyar los codos en jarra en los brazos del sofá). En estas imágenes se pueden observar posturas expansivas en ambos personajes, tratando de ocupar más espacio.

Los brazos en jarra de Putin tienen el valor de amenaza, con sus codos en punta, a modo de arma para evitar que el otro se acerque. Dicha pose, mostrarían cierta disposición para el “ataque”. Por otra parte, ambos permanecen con las piernas abiertas, destacando su masculinidad (exhibiendo la entrepierna), lo que no deja de ser sino una señal de dominio, ya que destaca los genitales y les proporciona ese aspecto de macho dominante.
Por su parte, Putin lleva a cabo un gesto adaptador con sus manos, lo que denotaría cierta intranquilidad, mientras que Trump adopta el gesto de las “manos en ojiva” o “campanario”, tratando de transmitir confianza y seguridad.


Trump da el apretón con la palma hacia arriba (supinación), pero este gesto más que comunicar una actitud sumisa, se podría interpretar como una muestra de su disposición ante su interlocutor (mano abierta, pero observemos la tensión del pulgar).

En otro saludo Trump lleva a cabo un “apretón de manos reforzado”, empleando ambas manos y tocando con su mano izquierda el codo de Putin. Con este gesto Trump trataría de mostrar una conexión íntima con Putin, pero también controlar sus movimientos y transmitir poder. Normalmente la intención de un apretón realizado con las dos manos sería transmitirle al otro sinceridad, confianza y sentimientos profundos; pero en este caso es una forma de transmitir cierta intención de intimidad y su deseo de control sobre Putin (pequeños toques por debajo del codo).

(Pág. en construcción: pendiente de añadir otros vídeos)

sábado, 18 de noviembre de 2017

El apretón de manos del nuevo comandante Jefe del Ejército de Chile

El 17 de noviembre de 2017, en el periódico digital EL PAÍS, salió publicada una noticia que hablaba sobre las elecciones presidenciales en Chile. En dicho artículo aparecía una fotografía en la que la presidenta Bachelet saludaba con un apretón de manos a Ricardo Martínez, el nuevo comandante jefe del Ejército chileno. Ante esa imagen hubo quien nos consultó a varios compañeros lo siguiente: ¿No creéis  que la foto parece indicar subordinación de la presidenta de Chile al jefe del Ejército y no al revés?

Espero que con este breve análisis cada uno saque sus propias conclusiones al respecto…

(Imagen 1)
(1) Si bien es cierto que el Jefe del Ejército chileno, ocupa el lado izquierdo y por lo tanto el lado más ventajoso para dar muestras de denotación de poder (típica palmadita en la espalda, por ejemplo), su mano izquierda, aunque oculta, se intuye en posición de firmes (no creo que esa situación de ocupar el lado izquierdo haya sido buscada, sino que se ha producido así espontáneamente). También al existir una diferencia de altura considerable, al Jefe del Ejército, le supone una apariencia ventajosa. Sin embargo, su POSTURA, con esa leve inclinación de espalda y de cabeza, denotaría sumisión/subordinación hacia la figura de la Presidenta.

(Imagen 2)
(2) La EXPRESIÓN FACIAL de su rostro muestra un gesto genuino de agrado: claramente están actuando el cigomático mayor,  que provoca la elevación de la comisura de los labios –AU12, siguiendo el sistema FACS- y la musculatura orbicular de los ojos, que provoca la elevación de mejillas y reducción de la abertura palpebral –AU6-. Esta Unidad de Acción, AU6, se puede apreciar claramente por la aparición de esas “patas de gallo”.

El contacto ocular durante el saludo se mantiene, no se baja ni se evita la mirada (lo que podría denotar incomodidad, vergüenza, timidez, en el primer caso, y distracción o falta de interés en el segundo), por lo que transmite más bien cordialidad/seguridad/agrado por la persona.

(Imagen 3)
(3) El apretón de manos es “técnicamente” correcto, ya que las manos se ven acopladas hasta las membranas que unen los dedos pulgar e índice. Por el ESTILO de ofrecer la mano, no denota una actitud dominante (palma hacia abajo) sino una actitud de “colaboración” e “igualdad”. Si en lugar de fotografía se tratara de un vídeo, podríamos inferir algo respecto al grado de PRESIÓN (sí parece un saludo firme, pero no me atrevería a afirmar que indica deseo de dominio  o determinado grado de amenaza). Tampoco podemos valorar la DURACIÓN que podría ser un indicador del grado de emotividad y aceptación hacia la presidenta (tampoco se pueden valorar otros aspectos teniendo en cuenta la sequedad o humedad de sus manos, etc.). Por último comentaría que las personas muy dominantes, agresivas y desconfiadas suelen, además de colocar la palma de la mano hacia abajo, estirar el brazo y ponerlo rígido para evitar que el interlocutor entre en su zona personal. Sin embargo aquí parece apreciarse “levemente” lo contrario (la foto está tomada desde el lado derecho respecto al eje central del apretón) en el sentido de buscar cierto acercamiento (aunque en ocasiones podría denotar cierto deseo de dominio).

Imagen tomada de https://elpais.com/internacional/2017/11/16/america/1510859972_111719.html
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jueves, 6 de julio de 2017

¿Por qué cuando sentimos emociones fuertes aguantamos la respiración?

Cuando realizamos un gran esfuerzo, como cargar una pesada caja, solemos contener la respiración. Ante un esfuerzo intenso, además de aparecer la correspondiente expresión bajando y juntando las cejas, mostramos la típica mirada feroz (odio), apretamos firmemente la mandíbula y contenemos la respiración. Ocurre que esta misma expresión aparece cuando sentimos ira. Ekman, cuando les pedía a los indígenas de Papúa, Nueva Guinea, que mostraran qué cara pondrían si estuviesen a punto de pegar al alguien, estos juntaban los labios y los apretaban al blandir el brazo para asestar el golpe con un hacha (Ekman, 2003, págs. 135-136), mostrando una clara expresión de ira.

Mantenemos la respiración ante determinadas sensaciones de ira, miedo y otras emociones intensas. Una de las posibles razones de por qué aguantamos la respiración en esas situaciones es porque determinadas emociones, cuando son intensas, provocan mayor aporte sanguíneo hacia determinadas zonas del cuerpo, como hacia los músculos de las piernas ante el miedo, pues nos preparan para la huida; o los músculos de los brazos ante la ira, ya que nos preparan para la lucha. La tensión muscular aumenta en estas zonas, pero también en la zona del pecho (como cuando realizamos un esfuerzo), lo que incluye a los músculos que intervienen en la respiración (principalmente a los músculos intercostales externos, músculos escalenos y esternocleidomastoideos). Esa mayor tensión en dicha musculatura impide que respiremos con normalidad.

Por otra parte, cuando sentimos miedo, en función de nuestro aprendizaje pasado sobre lo que puede protegernos mejor, pueden aparecer dos acciones totalmente diferentes: escondernos o huir. La evolución nos ha preparado para hacer lo que ha contribuido de mejor manera a la supervivencia y evolución de nuestra especie. Sabemos que muchos animales ante la presencia de un peligro, como un potencial depredador, lo primero que hacen es permanecer inmóviles, probablemente porque ello haya contribuido en muchos casos a que no hayan sido detectados. Por tanto, otra razón para dejar de respirar es que mantenernos absolutamente quietos (paralizados) puede ser una buena estrategia ante cualquier amenaza y al dejar de respirar podemos escuchar con más precisión al peligro que se acerca,  e incluso verle mejor (nuestra cabeza permanece inmóvil).

REFERENCIAS

Ekman, P. (2003). Emotions revealed: Recognizing faces and feelings to improve communication and amotional life. New York: Times Books.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Por qué desviamos la mirada de nuestro interlocutor cuando mantenemos una conversación?

Parece ser que el contacto visual interrumpe los recursos disponibles para los procesos de control cognitivo durante la generación de palabras.


La mirada es un elemento importante de la Kinesia, de tal forma que el establecer o no contacto ocular puede cambiar por completo el significado de una situación (Martos, Grau, & Petisco, 2016).

Mantener durante un tiempo inadecuado la mirada puede tener consecuencias sociales ya que, a través de la mirada, se comunican actitudes interpersonales, sentimientos o características de la personalidad. Una persona que mantiene de forma extrema una mirada fija, será considerada como hostil o dominante, mientras que si una persona desvía frecuentemente la mirada, podrá ser considerada como tímida, sumisa, antipática o como muestra del deseo de terminar la interacción (Martos, Gray y Petisco, 2016).

Pues bien, no todas las personas tienen la misma opinión sobre la duración adecuada para que ese contacto ocular llegue a resultar incómodo. Un reciente estudio (Binetti, Harrison, Coutrot, Johnston, & Mareschal, 2016) publicado en Royal Society Open Science, concluyó que la duración preferida de contacto visual de las personas promediaba los 3,3 sgs. Este estudio demostró que el período preferido de la duración de la mirada no depende de características como el género, los rasgos de personalidad o lo atractivo/a que nos resulte la otra persona. Los investigadores encontraron que los sutiles cambios pupilares, indicativos de excitación fisiológica, correlacionaban con el tiempo de contacto visual que las personas consideraban como cómodo. En concreto, las personas que preferían un contacto visual más prolongado mostraban aumentos más rápidos en el tamaño de sus pupilas cuando veían a la otra persona, que aquellos sujetos que preferían un contacto ocular más corto. Concluyeron que esta duración era señalada por índices fisiológicos (dilatación pupilar), más allá del control volitivo, que podrían desempeñar un papel modulador en el comportamiento de la mirada.
Pero, aparte de mantener más o menos tiempo la mirada, está claro que cuando mantenemos una conversación, con cierta frecuencia, apartamos la mirada de nuestro interlocutor. ¿Por qué lo hacemos?
Según un reciente estudio (Kajimura & Nomura, 2016) mantener la mirada durante una conversación supone un esfuerzo que interfiere con el trabajo de buscar palabras para mantener dicha conversación, por lo que tendemos a desviar la mirada de nuestro interlocutor cada cierto tiempo. Para estos autores mantener el contacto visual le supone un esfuerzo al cerebro. Ese contacto visual interrumpe los recursos disponibles para llevar a cabo los procesos de control cognitivo necesarios para la búsqueda de las palabras adecuadas para mantener la conversación. Por tanto, el contacto visual y el procesamiento verbal compartirían recursos cognitivos perjudicando a los procesos de generación de palabras (es decir a la recuperación y selección). Por ello, a veces optamos por romper esa situación, para poder dedicar más recursos a la búsqueda de palabras para mantener la conversación de manera fluida.

En su experimento le pidieron a 26 sujetos que llevaran a cabo una actividad de asociación de palabras, consistente en buscar un verbo relacionado con la palabra facilitada por el experimentador (ejemplo: si le facilitaban la palabra “pistola”, un verbo asociado podía ser “disparar”). Los nombres facilitados variaban en complejidad para provocar mayor o menor carga cognitiva en el cerebro de los sujetos. A la vez que realizaban dicha tarea, le pidieron a los sujetos que mantuvieran la mirada de una persona que aparecía en una grabación de video. En dicha grabación, el sujeto de la imagen tardaba más o menos tiempo en romper el contacto visual, o desviaba la mirada. Pues bien, los investigadores detectaron que los individuos que veían rostros con los ojos dirigidos hacia ellos, retrasaban la generación de palabras más que los individuos que veían una película de rostros con la mirada desviada hacia otro lado. También compararon el tiempo que los sujetos necesitaban para la búsqueda de palabras con el tiempo en que la imagen tardaba en romper el contacto visual. De esta forma descubrieron que los sujetos necesitaban más tiempo para buscar las palabras más complejas, pero que esto apenas se notaba si no existía ese contacto visual, concluyendo que este efecto solo está presente cuando las demandas de recuperación y selección de palabras son altas. Esos resultados apoyan la hipótesis de que el contacto visual (canal no verbal) comparte recursos cognitivos con la búsqueda y generación de palabras (canal verbal) y que uno puede interferir en el otro.
Por tanto, no solo apartamos la mirada para evitar intimidar a la otra persona, o para no resultar hostiles, sino porque a veces nuestro cerebro trata de evitar una sobrecarga cognitiva.

Trabajos citados

Binetti, N., Harrison, C., Coutrot, A., Johnston, A., & Mareschal, I. (6 de July de 2016). Pupil dilation as an index of preferred mutual gaze duration. Royal Society Open Science.
Kajimura, S., & Nomura, M. (2016). When we cannot speak: Eye contact disrupts resources available to cognitive control processes during verb generation. Cognition, 157, 352-357.
Martos, A., Grau, M., & Petisco, J. M. (2016). Otros canales. En R. M. López Pérez, F. Gordillo León, & M. Grau Olivares, Manual de Análisis de Comportamiento no Verbal: más allá de la comunicación (págs. 115-128). Madrid: Pirámide.