sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Por qué desviamos la mirada de nuestro interlocutor cuando mantenemos una conversación?

Parece ser que el contacto visual interrumpe los recursos disponibles para los procesos de control cognitivo durante la generación de palabras.


La mirada es un elemento importante de la Kinesia, de tal forma que el establecer o no contacto ocular puede cambiar por completo el significado de una situación (Martos, Grau, & Petisco, 2016).

Mantener durante un tiempo inadecuado la mirada puede tener consecuencias sociales ya que, a través de la mirada, se comunican actitudes interpersonales, sentimientos o características de la personalidad. Una persona que mantiene de forma extrema una mirada fija, será considerada como hostil o dominante, mientras que si una persona desvía frecuentemente la mirada, podrá ser considerada como tímida, sumisa, antipática o como muestra del deseo de terminar la interacción (Martos, Grau, & Petisco, 2016).

Pues bien, no todas las personas tienen la misma opinión sobre la duración adecuada para que ese contacto ocular para que llegue a resultar incómodo. Un reciente estudio (Binetti, Harrison, Coutrot, Johnston, & Mareschal, 2016) publicado en Royal Society Open Science, concluyó que la duración preferida de contacto visual de las personas promediaba los 3,3 sgs. Este estudio demostró que el período preferido de la duración de la mirada no depende de características como el género, los rasgos de personalidad o lo atractivo/a que nos resulte la otra persona. Los investigadores encontraron que los sutiles cambios pupilares, indicativos de excitación fisiológica, correlacionaban con el tiempo de contacto visual que las personas consideraban como cómodo. En concreto, las personas que preferían un contacto visual más prolongado mostraban aumentos más rápidos en el tamaño de sus pupilas cuando veían a la otra persona, que aquellos sujetos que preferían un contacto ocular más corto. Concluyeron que esta duración era señalada por índices fisiológicos (dilatación pupilar), más allá del control volitivo, que podrían desempeñar un papel modulador en el comportamiento de la mirada.
Pero, aparte de mantener más o menos tiempo la mirada, está claro que cuando mantenemos una conversación, con cierta frecuencia, apartamos la mirada de nuestro interlocutor. ¿Por qué lo hacemos?
Según un reciente estudio (Kajimura & Nomura, 2016) mantener la mirada durante una conversación supone un esfuerzo que interfiere con el trabajo de buscar palabras para mantener dicha conversación, por lo que tendemos a desviar la mirada de nuestro interlocutor cada cierto tiempo. Para estos autores mantener el contacto visual le supone un esfuerzo al cerebro. Ese contacto visual interrumpe los recursos disponibles para llevar a cabo los procesos de control cognitivo necesarios para la búsqueda de las palabras adecuadas para mantener la conversación. Por tanto, el contacto visual y el procesamiento verbal compartirían recursos cognitivos perjudicando a los procesos de generación de palabras (es decir a la recuperación y selección). Por ello, a veces optamos por romper esa situación, para poder dedicar más recursos a la búsqueda de palabras para mantener la conversación de manera fluida.

En su experimento le pidieron a 26 sujetos que llevaran a cabo una actividad de asociación de palabras, consistente en buscar un verbo relacionado con la palabra facilitada por el experimentador (ejemplo: si le facilitaban la palabra “pistola”, un verbo asociado podía ser “disparar”). Los nombres facilitados variaban en complejidad para provocar mayor o menor carga cognitiva en el cerebro de los sujetos. A la vez que realizaban dicha tarea, le pidieron a los sujetos que mantuvieran la mirada de una persona que aparecía en una grabación de video. En dicha grabación, el sujeto de la imagen tardaba más o menos tiempo en romper el contacto visual, o desviaba la mirada. Pues bien, los investigadores detectaron que los individuos que veían rostros con los ojos dirigidos hacia ellos, retrasaban la generación de palabras más que los individuos que veían una película de rostros con la mirada desviada hacia otro lado. También compararon el tiempo que los sujetos necesitaban para la búsqueda de palabras con el tiempo en que la imagen tardaba en romper el contacto visual. De esta forma descubrieron que los sujetos necesitaban más tiempo para buscar las palabras más complejas, pero que esto apenas se notaba si no existía ese contacto visual, concluyendo que este efecto solo está presente cuando las demandas de recuperación y selección de palabras son altas. Esos resultados apoyan la hipótesis de que el contacto visual (canal no verbal) comparte recursos cognitivos con la búsqueda y generación de palabras (canal verbal) y que uno puede interferir en el otro.
Por tanto, no solo apartamos la mirada para evitar intimidar a la otra persona, o para no resultar hostiles, sino porque a veces nuestro cerebro trata de evitar una sobrecarga cognitiva.

Trabajos citados

Binetti, N., Harrison, C., Coutrot, A., Johnston, A., & Mareschal, I. (6 de July de 2016). Pupil dilation as an index of preferred mutual gaze duration. Royal Society Open Science.
Kajimura, S., & Nomura, M. (2016). When we cannot speak: Eye contact disrupts resources available to cognitive control processes during verb generation. Cognition, 157, 352-357.
Martos, A., Grau, M., & Petisco, J. M. (2016). Otros canales. En R. M. López Pérez, F. Gordillo León, & M. Grau Olivares, Manual de Análisis de Comportamiento no Verbal: más allá de la comunicación (págs. 115-128). Madrid: Pirámide.

miércoles, 29 de junio de 2016

El emblema del saludo

Según los etólogos, el saludo del ser humano cumple una función similar a la que cumple el saludo en simios como el chimpancé: como ceremonia de apaciguamiento, para comunicar que no existe desafío o intención de ataque.


Curiosamente muchos simios llevan a cabo pautas de saludo similares a las humanas. Los chimpancés suelen abrazarse, besarse, hacerse reverencias, estrecharse las manos y palmearse la espalda.


De las muchas formas posibles de llevar a cabo un saludo, vamos a centrarnos en el “apretón de manos”, por haberse convertido en un emblema en muchos países, como señal social de cortesía para saludar, presentarnos o despedirnos de otras personas. Se trata de una costumbre arraigada en muchas sociedades, pero no es universal.


El saludo con las manos es una antigua  costumbre que se remonta a la época griega y romana. En la antigüedad se empleaba el gesto de coger por el antebrazo para verificar que no existían armas escondidas. En Grecia y Roma se cogían de los antebrazos también para darle solemnidad a una promesa o para sellar una palabra de honor como señal de diálogo y desarme.


Durante de la revolución industrial el apretón de manos se comenzó a utilizar para sellar acuerdos y concluir tratos.



Hoy en día, a través de un simple saludo entre dos personas podemos inferir información relevante respecto al estatus, las actitudes, el estado de ánimo, el nivel de cercanía y el tipo de relación existente entre quienes lo realizan.

Como se cito en el libro sobre la comunicación en el aula (Petisco, 2014)

Si interpretamos el apretón de manos como un signo de confianza y bienvenida está claro que corresponde al anfitrión iniciar el mismo. Respecto a la actitud que deberíamos transmitir, siempre debería de ser la de cordialidad, intentando que la otra persona se sienta cómoda. Por ello, la palma de la mano no debería de ir ni hacia arriba (sumisión) ni hacia abajo (dominio), sino en un posición vertical (actitud de igualdad y colaboración). Respecto al grado de presión a ejercer debe ser medio (normalmente los saludos tipo quebrantahuesos o muy lánguidos no resultan agradables). Si somos los que recibimos el saludo deberíamos igualar nuestra presión a la presión recibida. La duración aproximada, excepto en saludos con conocidos, debe rondar del orden de los cuatro o cinco segundos; los saludos excesivamente cortos (de alrededor de dos segundos) o prolongados (de unos nueve segundos) tampoco resultan muy bien valorados.
Tampoco resultan agradables los saludos con la mano muy húmeda, o muy flácida, o cuando las manos no llegan a acoplarse hasta contactar las membranas que unen los dedos pulgar e índice.
Por último, si tratamos de transmitir confianza, es fundamental que miremos a los ojos de la persona que recibe el saludo. Los apretones de manos donde quien lo lleva a cabo retira la mirada, o lo realiza mientras mira para otro lado, no dan la sensación de mostrar interés alguno por conocer a esa persona o por llegar a algún grado de compromiso con el encuentro”.

Os dejo con el siguiente vídeo que he editado sobre las claves del apretón de manos:

Referencias:

-Mínguez Vela, A. (1999). La otra comunicación: Comunicación no verbal. Madrid: ESIC.

-Pease, A., & Pease, B. (2006). El lenguaje del cuerpo. Cómo interpretar a los demás a través de sus gestos. Barcelona: Amat, S.L.

-Petisco, J. M. (2014). La comunicación en el aula. Cuando la postura y el gesto toman la palabra. Madrid: Dykinson.

miércoles, 4 de mayo de 2016

El emblema de la mano sobre el corazón

El gesto emblemático de llevar la mano al corazón se asocia a la honestidad. Las personas que llevan a cabo ese gesto se perciben como más sinceras y honestas, pero además se comportan de manera más honesta. Al menos eso es lo que han demostrado, a través de 4 experimentos publicados en el artículo Hand over Heart Primes Moral Judgments and Behavior, los investigadores polacos Michal Parzuchowski y Bogdan Wojciszke (2014).


Según estos autores, observar a una persona que realiza el gesto de llevarse la mano al corazón hace que sea percibida por los demás como más honesta (experimentos 1 y 2). Pero también, llevar a cabo ese gesto, puede influir en las propias acciones complejas del individuo que lo realiza y hacer que se comporten de manera más honesta (experimentos 3 y 4). Además, sugieren que esta influencia no es mediada por cambios en el estado afectivo del sujeto.  

Desde los tiempos de Aristóteles la gente ha identificado simbólicamente el corazón como el núcleo emocional o moral del ser humano (Bakalis, 2005). Actualmente, en muchas culturas, se asocia el gesto de colocar una mano sobre el corazón a la honestidad, indicando con ello que el sujeto que lo realiza tiene intenciones genuinas, o que está dando su palabra de honor, o que está prometiendo lealtad (Eibl-Eibesfeldt, 1966). Otra prueba de ello es que en muchos idiomas existen expresiones lingüísticas que hacen referencia al corazón, o al gesto de llevarse la mano al corazón (“con la mano en el corazón…”, “te lo digo de corazón”, “desde el corazón te digo…”). para tratar de poner énfasis en la sinceridad y honestidad de quien pronuncia determinadas palabras.

Veamos los detalles de los dos primeros experimentos.

Experimento 1

Con este primer experimento trataban de demostrar que el gesto de llevarse la mano al corazón comunica honestidad y sinceridad, es decir que es un gesto emblemático de honestidad entre la población polaca. Para ello, a través de una web, pidieron a 118 sujetos (85 mujeres) que hicieran una breve descripción abierta sobre una persona que aparecía en una fotografía realizando un determinado gesto. En concreto, a un grupo de sujetos se les pidió que anotaran los 5 rasgos que le vinieran a la mente y que les transmitía la imagen de una joven con la mano sobre su corazón. Como los rasgos asociados a la honestidad podrían inferirse de los rasgos faciales de la persona fotografiada y no de sus gestos (Todorov, 2011),  también introdujeron una condición de control y aleatoriamente a otros sujetos les pidieron lo mismo, pero con respecto a la fotografía de la misma persona (expresión facial, postura e iluminación idénticas) con la mano sobre su estómago (gesto emblemático del dolor de estómago).


Fotografías utilizadas en el experimento 1. Tomadas del artículo original (Parzuchowski & Wojciszke, 2014)

Aleatoriamente 74 personas describieron a la joven con la mano sobre el corazón y 44 a la joven con la mano en el estómago. Posteriormente, empleando el método ciego, dos jueces independientes (hombre y mujer) analizaron los 118 rasgos incluidos en primer lugar por los participantes en el estudio (primera característica en la descripción) y clasificaron de manera dicotómica ese primer rasgo como perteneciente a la honestidad o no (correlación interjueces  r  = 0,68; p  <0,001). Los resultados obtenidos fueron que el 49% de los participantes que describieron a la persona que realizaba el gesto de la mano sobre el corazón (36 de 74), emplearon términos relativos a la honestidad como primer rasgo en dicha descripción, frente al 18% que lo hicieron en la condición de control (8 de los 44). Estos resultados apoyan la hipótesis de que el gesto de llevarse la mano al corazón es visto como una señal sinceridad o de honestidad, estableciéndose un vínculo entre el gesto y la honestidad percibida. También sugieren que se puede comunicar de manera eficiente la honestidad sin lenguaje, solo por la mera utilización de un gesto emblemático.


Experimento 2

Mediante un segundo experimento trataron de valorar hasta qué punto realizar una persona el gesto emblemático de honestidad, hace que los demás le perciban como más creíble. Para ello se pidió a 37 estudiantes universitarios (20 mujeres) que escucharan una grabación de audio sobre una entrevista de trabajo, donde durante 4 minutos una joven hacía una descripción de sí misma. Mientras escuchaban dicha grabación observaban la fotografía de la mujer entrevistada: una joven con la mano derecha sobre el corazón o a la misma joven con los brazos detrás de la espalda (condición de control). En la descripción escuchaban afirmaciones que eran frases tomadas de una versión polaca de la Escala de Conveniencia Social de Crowne y Marlowe (1960): "nunca he llegado tarde al trabajo", “nunca pospongo algo para el futuro", “yo siempre cumplo mis promesas", "soy amable con todos", "siempre respondo a las cartas", "nunca he robado algo a alguien", "yo nunca he llamado enfermo " y "nunca he discutido con los miembros de mi familia". Cada una de estas declaraciones fue evaluada en credibilidad en una escala de 7 puntos (que va desde 1- Esto no es en absoluto creíble, hasta 7- Esto es muy creíble).


Fotografías utilizadas en el experimento 2. Tomadas del artículo original (Parzuchowski & Wojciszke, 2014)

Resultó que la valoración de la credibilidad de la persona que realizaba el gesto emblemático de honestidad fue más alta (M  = 4,68; SD = 0,64) que la de la misma persona con las dos manos detrás de la espalda (M  = 4,17; SD = 0,79). Estos resultados corroboran los obtenidos en el experimento número 1, en el sentido de que las personas perciben el gesto de la mano en el corazón como un gesto de honestidad. También ponen de manifiesto que una persona que realiza este gesto se percibe como más creíble, aunque sus declaraciones no sean muy creíbles (frases favorecedoras de su propia imagen realizadas durante la entrevista).

Trabajos citados

Bakalis, A. (2005). Handbook of Greek philosophy: From Thales to the Stoics analysis and fragments. Victoria: Trafford.

Crowne, D. P., & Marlowe, D. (1960). A new scale of social desirability independent of psychopathology. Journal of Consulting Psychology , 24, 349-354.

Eibl-Eibesfeldt, I. (1966). Love and hate. The natural history of behavior patterns. . New York: Aldine.

Parzuchowski, M., & Wojciszke, B. (2014). Hand over Heart Primes Moral Judgments and Behavior. Journal Nonverbal Behavior , 38, 145-165.

Todorov, A. (2011). Evaluating faces on social dimensions. En A. Todorov, S. T. Fiske, & D. (. Prentice, Social neuroscience: Toward understanding the underpinnings of the social mind. Oxford: University Press.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Los emblemas

Los emblemas son gestos que tienen un significado específico, pudiéndose traducir dicho significado directamente a palabras (Petisco Rodríguez & Nahikari Sánchez, 2016). Son emitidos consciente e intencionadamente.

Surgen como una forma alternativa a la comunicación a través de la voz, para ser empleados cuando las condiciones de habla son difíciles o imposibles, existe una gran distancia entre emisor y receptor, o por acuerdo entre emisor y receptor. Por tanto, la función que cumplen los emblemas es puramente comunicativa. También se pueden emplear para suplir o repetir el contenido de una comunicación verbal, para enfatizar algunos aspectos del mensaje verbal que tratamos de transmitir, o para contradecir, en sentido irónico, lo expuesto verbalmente.

Para Ekman y Friesen (1972) los emblemas pueden involucrar acciones de cualquier parte del cuerpo, aunque típicamente suelen estar implicadas las manos, la orientación de la cabeza, los movimientos de la musculatura facial o la postura.

Por lo general, todos solemos ser conscientes de la emisión de emblemas, pero en ocasiones pueden producirse lo que Ekman denominó “deslices emblemáticos” (Ekman & Friesen, 1972). Se trataría de situaciones en las que no elegimos emplear un emblema de forma deliberada surgiendo este de forma no consciente. Así el “gesto de la peineta”, consistente en dejar rígido el dedo medio mientras se mantiene la mano cerrada en forma de puño (gesto que simboliza un pene con los testículos), aparece en ocasiones de forma inconsciente, simbolizando expresiones del tipo “jódete”, “vete al carajo” o “chúpala”. Otro típico desliz emblemático consiste en hacer un movimiento de afirmación con la cabeza mientras se pronuncia un “no” de manera verbal (o viceversa), o encoger los hombros como símbolo de “impotencia”.

Otra peculiaridad de los emblemas es que muchos de ellos son específicos de una cultura en particular, aunque también existen emblemas que, en mayor o menor medida, son universales o casi universales. Algunos de esos emblemas serían, por ejemplo, el conocido “flash de cejas” (elevación de cejas con una duración muy breve) que se emplea como saludo; el gesto de burla, consistente en apoyar el pulgar sobre la nariz mientras los demás dedos se despliegan a modo de abanico (muy extendido en la Europa occidental); agitar la mano, a modo de saludo o despedida;  llevarse la mano a la boca, en señal de hambre (no en todos los países); o inclinar la cabeza hacia un lado cerrando los ojos y colocando las manos debajo a modo de almohada, como señal de sueño o simbolizando el acto de dormir.

Pero cuidado, un problema que conlleva el empleo de emblemas es que un mismo signo puede tener significados muy diferentes, en función de la cultura ante la que nos encontremos. Así, el conocido “gesto del anillo”, donde el pulgar e índice se juntan formando un círculo, puede significar que algo es “ok” en países como Estados Unidos o Gran Bretaña, “cero” o “nada” en países como Francia, “dinero” en países como Japón y ser un insulto sexual obsceno en países como Italia o Brasil (ya que simbolizaría el “ano”). Quizás por ello, diversos autores han tratado de confeccionar listados de emblemas correspondientes a diferentes culturas, como Kaulfers (1931), Green (1968), Saitz & Cervenka (1972), Johnson, Ekman & Friesen (1975) o Poyatos (1977).

La web PlimsleurApproach.com, dedicada al aprendizaje de idiomas, en su día editó información sobre 7 emblemas cuyo uso, en función del país donde nos encontremos, podría acarrearnos problemas:

Trabajos citados

Ekman, P., & Friesen, W. V. (1972). Hand movement. Journal of Communication, 22, 353-374.

Green, J. R. (1968). A gesture inventory for the teaching spanish. Filadelfia: Chilton Books.

Johnson, H. G., Ekman, P., & Friesen, W. V. (1975). Communicative Body Movements: American Emblems. Semiotica, 15(4), 335-353.

Kaulfers, W. V. (1931). Curiosities of colloquial gesture. Hispania, 14, 249-264.

Petisco Rodríguez, J., & Nahikari Sánchez, H. (2016). Expresión corporal. Movimientos corporales, posturas, orientación corporal y gestos. En R. López Pérez, F. Gordillo León, & M. Grau Olivares, Manual de Análisis de Comportamiento no Verbal: más allá de la comunicación. Madrid: Pirámide.

Poyatos, F. (1977). Forms and functions of non verbal communication in the novel: A new perspective of the author-character-reader relationship. Semiótica, 295-238.

Saitz, R. L., & Cervenka, E. J. (1972). Handbook of gestures: Colombia and Unites States. La Haya: Mouton Publishers.

martes, 15 de diciembre de 2015

El debate Rajoy-Sánchez daña la imagen de los políticos

Todos pudimos ver ayer en el esperado debate “cara a cara” esos momentos de tensión, cuando Pedro Sánchez le dijo a Mariano Rajoy “usted no es decente”, por el hecho de no haber dimitido tras descubrirse los papeles de Bárcenas. 
Rajoy había mostrado enfado ante el reproche sobre los recortes en política de género, pero en concreto, este tipo comentario le sacó de sus casillas, mostrando “ira” y respondiendo con ese “hasta aquí hemos llegado”. El asunto se convirtió en una especie de enfrentamiento personal, azarándose inicialmente Rajoy y respondiendo con calificativos del tipo “ruin, mezquino, miserable y deleznable”. Todos los españoles pudimos escuchar esos “puñetazos dialécticos” por parte Rajoy, a pesar de su preparación para contenerse ante las acusaciones de Sánchez.

Pero ¿fue incontrolada la expresión de Pedro Sánchez?, ¿estaba ensayada la respuesta de Rajoy?, es decir, ¿lo había previsto Rajoy y su equipo de asesores?, ¿quién dio mayores muestras de satisfacción tras el debate?, ¿quién quedó más afectado?, ¿cuál de los dos candidatos sale más reforzado tras ese momento tan tenso?



Todos pudimos apreciar en ambos candidatos esas sonrisas forzadas de la foto inicial. La disposición de los candidatos, sentados y protegidos por una mesa, hizo que prácticamente pasaran desapercibidos esos gestos iniciales que denotaban incomodidad, con esos pies retraídos y cruzados a la altura de los tobillos. Sin embargo sus manos depositadas sobre la mesa, con los dedos estirados, trataban de mostrar serenidad, a pesar de que inicialmente a uno de ellos le temblaran un poco. Además, ambos disponían de sendos bolígrafos en sus manos, cuyo contacto y manipulación, en un momento dado, pudo llegar a ser tranquilizador, apaciguador de la tensión que en determinados momentos vivieron ambos candidatos. 


Excesivos datos (con muchos papeles sobre la mesa) y excesivas interrupciones, fueron dos características que quizás tendrían que valorar los futuros políticos candidatos a este tipo de debates. Pero también tendrían que valorar los beneficios, a corto y largo plazo, de un espectáculo como el sucedido.

Fue curioso como la habitual sonrisa de campaña de ambos candidatos se redujo a la mínima expresión a lo largo del debate. Ahora la expresión dominante era el ceño fruncido, que representa la ira y el enfado. El debate fue subiendo de tono y llegó al punto de discusión acalorada que es, en esencia, una “pelea” no física. Y es que el cruce de acusaciones, los sarcasmos, el menosprecio a la talla profesional de alguien o el uso de insultos, no dejan de ser sino equivalentes modernos de la lucha que tanto ha contribuido a la supervivencia del hombre. Solo hay que echar un vistazo a los periódicos del día siguiente donde, en función del color de la editorial, cada uno da como vencedor a su candidato favorito y emplean expresiones propias de actividades como el boxeo (“lo dejó kao técnico”).

Hubo algún comentarista que lanzó un símil entre el debate y la entrevista de trabajo. A esta entrevista se presentaban dos candidatos distintos y los telespectadores tenían que  tomar la decisión de a quien “contratar” para ser el futuro presidente del gobierno. Pero lo que los telespectadores al final presenciaron, tuvo más relación con la lucha por la supervivencia que con una entrevista de selección de personal.

El decoro de los políticos de cierta talla debería impedir que los candidatos se dejaran llevar por sus instintos más primitivos de lucha al sentirse amenazados. Pero esto no sucedió en ese cara a cara. No es aconsejable usar la violencia, ni física ni verbal, como medio para conseguir los objetivos previstos. El “cueste lo que cueste” se convirtió en “y tú más” y, probablemente, ello no benefició a ninguno de los dos candidatos. Además la violencia, aunque sea verbal, da lugar a una mayor confusión emocional, haciendo difícil concentrarse y pensar con claridad sobre la situación amenazadora en la que nos encontramos. En esos casos, quizás la mejor estrategia sea hacer uso del aplomo y la serenidad, o tratar de reconducir la situación hacia cierta cordialidad. Los enfrentamientos personales restan nivel a cualquier debate. Además, cuando estamos emocionalmente excitados, la capacidad para pensar con eficacia se ve disminuida, se paralizan muchas de nuestras capacidades cognitivas, para que nuestro sistema límbico pueda tener acceso a todos nuestros recursos cerebrales disponibles. Como afirma Goleman, nuestro sistema límbico nos hace reaccionar pero no razonar.

Todos podemos perder el control en un momento dado y reaccionar de manera descontrolada, de manera inconsciente; pero después podemos recuperar el control, gracias a nuestra mente consciente, y tratar de reconducir la situación. Los televidentes, desde luego que se habrán formado su impresión sobre la idoneidad de cada candidato y premiarán, o castigarán, a cada uno con su rúbrica en las urnas.

Sin embargo, quedan otros interrogantes sobre lo sucedido en el debate, como si estaba ensayada la respuesta de Rajoy, o si se vieron cumplidas las expectativas que tenían ambos candidatos.


Desde luego que el equipo de Rajoy sabía que el manejo del asunto de la corrupción era “capital” y que Rajoy debía contenerse y permanecer impasible ante las acusaciones de Sánchez. La inexpresividad de Rajoy así lo puso de manifiesto en muchos momentos mientras aguantaba el chaparrón que le estaba cayendo. Pedro Sánchez mostró determinación, desacuerdo y enfado con todo el asunto de la trama Gürtel.



Pero llegado el momento de tomar el turno de palabra, Rajoy se tomó su tiempo y respondió mostrando sus manos, en señal de “basta”, y con ese “uhm…hasta ahí hemos llegado” le replicó con ese “si usted creía… su obligación era haber presentado una moción de censura”.


Posteriormente apuntaló, también con determinación y enfado, “yo soy un político honrado, como mínimo tan honrado como usted…”, para finalizar con ese maleficio: “de lo que no se puede recuperar uno es de la afirmación ruiz (momentos de tensión), ruin, mezquina y miserable que ha hecho hoy usted aquí; de eso  no se va a recuperar usted nunca…”.

Pero, ¿quién molestó más a quién?, o ¿quién salió más dañado del mutuo embiste?

A nivel público se verá en las urnas, pero a nivel personal podríamos analizar brevemente si las expectativas de ambos candidatos se vieron cumplidas. Para ello, podríamos acudir a los momentos inmediatos, posteriores a esa situación de “lucha” que vivieron.

Ocurre que las cámaras no mostraron el rostro inicial del señor Rajoy, a quien las imágenes tomaron ya ante los medios, mostrándose enérgico y esbozando ciertos gestos de “alegría” o de “satisfacción”.






En cambio, sí se filtraron en televisión imágenes del señor Sánchez dando muestras de su enfado, con los labios apretados y las comisuras marcadas hacia abajo. Este gesto, con predominio de las Unidades de Acción 14+15+23+24 (Sistema de Codificación de la Acción Facial, Ekman & Friesen 1978), denota desagrado, rechazo, molestia o abatimiento. En definitiva es una clara muestra de insatisfacción.

No sabemos si el motivo del enfado era por la propia actuación o por otras cuestiones, pero desde luego que ahí Pedro Sánchez descuidó la imagen de su puesta en escena. Es más, apenas llegó a esbozar una leve sonrisa en los momentos posteriores al debate, dando muestras de seguir afectado, o de estar haciendo una valoración de lo ocurrido.





El gesto mostrado por Sánchez suele aparecer cuando nos enfrentamos a un problema al que no encontramos solución y pensamos que ya no puede hacerse nada más para tratar de solucionarlo. No podemos adivinar sus pensamientos, pero sí hacer inferencias a partir de la emoción mostrada y es que, seguramente, le hubiera gustado haber hecho algo más por “derrotar” a su “contrincante”.






                              

Para los que se dedican a la política, cuidar hasta los más mínimos detalles de su expresión facial, sobre todo cuando están ante los medios, es fundamental. Y las “peleas”, aunque sean de forma dialéctica, conllevan reacciones viscerales difíciles de controlar y que pueden dejar “tocados” a unos y a otros. 


jueves, 19 de noviembre de 2015

¿Por qué son importantes las microexpresiones?

Aprender a detectar microexpresiones pueden ayudarnos a:

Detectar emociones ocultas y el engaño

En momentos de alta activación emocional, cuando alguien trata de ocultar una emoción, a menudo la "fugacidad" de esa emoción se evidencia en el rostro de esa persona. La fuga puede estar limitada a una región de la cara (una expresión mini o parcial), puede conllevar poca contracción muscular (una expresión leve), o puede ser una expresión rápida que cruce por toda la cara (una expresión micro). Estas expresiones sutiles son difíciles de detectar, pero con entrenamiento, se puede  aprender a detectarlas a medida que ocurren.
Su utilidad en el ámbito de la detección del engaño es enorme, ya que suponen filtraciones de las verdaderas emociones que pueden servir como válvula de escape para que la persona exprese, aunque muy brevemente, sus sentimientos o impulsos inaceptables (Petisco, 2014, pág. 100). Cuando alguien está tratando de regular sus expresiones emocionales para disminuir cualquier indicio de lo que está sintiendo, el resultado puede ser una expresión leve, parcial o micro. Si el analista detecta una expresión leve o parcial, puede suponer que esa expresión está iniciándose o que el individuo está tratando de minimizarla para que no sea tan evidente (expresión abortada). En definitiva las expresiones sutiles, y más concretamente las microexpresiones pueden ser una fuente de autodelación o filtración de utilidad para tratar de detectar el engaño.
Mejorar nuestra inteligencia emocional

Una de las claves para mejorar la inteligencia emocional es el desarrollo de habilidades que nos ayuden a entender el rostro humano. A diferencia del lenguaje, la expresión facial constituye un sistema universal de señales que reflejan las fluctuaciones, momento a momento, del estado emocional de una persona. Aprender a leer micro expresiones nos puede ayudar a reconocer los sentimientos de los demás y, al mismo tiempo, a ser más conscientes de nuestros propios sentimientos.
Desarrollar nuestra capacidad empática

Las emociones juegan un papel clave en todas nuestras interacciones. Las expresiones comunes en la cara -macro expresiones - pueden no reflejar con exactitud cómo se siente una persona. Cuando aprendemos a reconocer las expresiones más fugaces y evasivas que surgen en un rostro, nos volvemos más sensible a la gama de emociones que otros desean que sepamos que están sintiendo. También nos hacemos más expertos a la hora de detectar una emoción cuando esta apenas está comenzando a surgir, cuando una emoción se está tratando de ocultar, y cuando una persona no es consciente de lo que realmente están sintiendo. Estas son habilidades que pueden ayudarnos a ser más sensibles con los sentimientos reales de los demás y a que los demás sepan, en su caso, que están siendo verdaderamente "comprendidos”.

Investigaciones recientes de Helen Riess y otros (Riess, Kelly, Bailey, Dunn, & Phillips, 2012), han demostrado que un entrenamiento basado en la neurobiología de la empatía mejora significativamente la relación médico-paciente, según la clasificación de los pacientes, lo que sugiere que la calidad de la atención en la medicina podría mejorarse mediante la integración de la neurociencia de la empatía en la educación médica. En concreto el grupo de entrenamiento en empatía mostró mayores cambios en las puntuaciones de la atención al paciente que el grupo control (diferencia de 2,2; P=0,04). Los médicos entrenados también mostraron mayores cambios en el conocimiento de la neurobiología de la empatía (diferencia de 1,8; P  <0,001) y en la capacidad para descifrar las expresiones faciales de la emoción (diferencia de 1,9; P  <0,001).
Mejorar nuestras relaciones

La cara ofrece la mejor ventana que podamos tener para saber cómo se están sintiendo otras personas. Mejorar nuestra capacidad de reconocer las emociones de los demás aumentará la comprensión íntima que nos permita “conectar” con otras personas. La investigación también ha encontrado que las personas que aprenden a detectar microexpresiones son más del agrado de los compañeros de trabajo.
Entender a los demás

Diversas investigaciones del Dr. Ekman han demostrado que durante un relato, las expresiones faciales cuando que contradicen las palabras, a menudo, nos pasan desapercibidas. Las microexpresiones faciales constituyen un sistema universal que pueden hacer su aparición independientemente de la raza o cultura a la que permanezca el sujeto, por lo que su estudio puede sernos de mucha utilidad. Incluso las personas de muy diferentes culturas, las personas que no hablan nuestro idioma, también sienten las mismas emociones y mostrarán las mismas expresiones. Cuando aprendemos a reconocer microexpresiones, el detectar las discrepancias entre lo que se oye y lo que se ve puede aplicarse a todos los ámbitos (amigos, familia, extraños).

Reconocer y manejar mejor nuestras propias emociones

Aprender a reconocer las expresiones faciales de las emociones en los demás nos ayudará a aprender a reconocer nuestras propias emociones. La investigación del Dr. Ekman revela que simplemente imitando una emoción, mediante la manipulación de las propias expresiones faciales propias, iniciará la experiencia fisiológica de que se sienta dicha emoción. Según Tomkins (1963) la musculatura facial (posteriormente se referiría más concretamente los receptores de la piel que se activan con los movimientos musculares) podría ser en sí misma la responsable de la inducción de emociones, mediante el feedback sensorial que genera (hipótesis del feedback facial). Si tratamos de vincular intencionadamente las expresiones faciales con la experiencia interna de manera frecuente, a modo de entrenamiento, comenzaremos a mejorar la alerta consciente de nuestras emociones internas. Por lo tanto, mejoraríamos nuestras posibilidades de reconocer cuando se está desencadenando  la emoción. Esta toma de conciencia podría ayudarnos a controlar la expresión de nuestras emociones.

Desarrollar Habilidades Sociales

Según el Grupo Paul Ekman, las personas con autismo se han beneficiado en gran medida del entrenamiento en microexpresiones, sobre todo con la herramienta Expresiones Sutiles (SETT). Las personas con esquizofrenia también han mostrado resultados positivos. La investigación realizada por Tamara Russell y otros, ha encontrado que el entrenamiento con la herramienta de Microexpresiones (METT), facilita a las personas con esquizofrenia reconocer las emociones en los demás, a la par que a las personas normales.

Referencias

PAUL EKMAN GROUP. En https://www.paulekman.com/micro-expressions/
Petisco, J. M. (2014). La comunicación en el aula. Cuando la postura y el gesto toman la palabra. Madrid: Dykinson.
Riess, H., Kelly, J. M., Bailey, R. W., Dunn, E. J., & Phillips, M. (2012). Empathy training for resident physicians: a randomized controlled trial of a neuroscience-informed curriculum. Journal of general internal medicine, 27(10), 1280-1286.
Tomkins, S. S. (1963). Affect, imagery, and consciousness (Vol. 2: The negative affects). New York: Springer.